Soneto Sarraceno

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Clip Soneto Sarraceno

Mensaje por Doc-Hydrenberg el 2016-01-06, 22:38

Allá por la centuria diecinueve
ad portas de la Guerra Civil
en el campo un peón se mueve
Hildebrando Sarraceno se llamaba el gil.

Hilde le decían los colegas
a Sarraceno no le importaba
una a una arrastraba las fanegas
mientras su padre un bourbon tomaba.

Se decía que Sarraceno olía a heces
era verdad cuando salía del establo
y a medida que pasaban los meses
se hizo amigo de un jamelgo a quien nombró Pablo.

No solo amistades hacía Hildebrando
por el querer de una alfarera una rivalidad se estaba formando
entre Sarraceno y otro peón
Apolinario Segismundo se llamaba el disque león.

Una rencilla en vano, pensaba el hijo del jefe
quien era buena gente con los trabajadores
daba consejo y alimento aquel mequetrefe,
lo que sea para evitar pormenores.

Sarraceno y Segismundo,
enfrascados en gran aversión
y un mirar furibundo,
pues conquistar a aquella dama era para ambos su misión.

Mismo objetivo, mismas dificultades.
Paupérrima era su condición.
Ínfimas eran sus utilidades,
mas enorme era su ambición.

Mientras tanto, la alfarera les era indiferente.
Se limitaba a su torno, arcilla y horno.
Un futuro brillante veía en su mente,
en el que ni Sarraceno ni Apolinario estaban presentes.

Su mejor cliente era el dueño del fundo.
De ahí que aquellos peones rivales terminasen amartelados.
Pobre dama con tez del primer mundo
aquella que aguantaba los cortejos de aquel par de atontados.

Cuando la rencilla llegó al conocimiento del terrateniente,
este arregló un duelo a quince pasos.
Su hijo se opuso rotundamente.
A padre no le importó, podía conseguir otro pelmazo.

Hildebrando y Apolinario aceptaron sin chistar
aquel duelo que enlutaría de todos modos el fundo.
El ganador tendría los bienes del occiso,
mas para disparar ninguno era preciso.
Ninguno de los peones podían el arma usar.
Aun así, uno de los 2 tenía que dejar este mundo.

A la mañana siguiente, un corno resonó en la propiedad
anunciando el deceso de uno de los rivales.
Sarraceno y Segismundo, apenas mayores de edad
se desharían de este modo del mayor de sus males.

Saludo y vuelta atrás.
Quince pasos nada más.
Dos inexpertos con la pistola de chispa...
Queda ver al primero que se avispa.

Ese fue Segismundo, apurado mas inquieto.
Al fin de los pasos, disparó antes de completar el giro.
La bala llegó al jefe, sentado bajo un seto.
Sorprendido, dio el último suspiro.

Sarraceno era más sereno en el descampado.
Eso no bastaba en aquel momento.
Observó a Segismundo, quien había desenfundado.
Disparó sin ningún remordimiento.

Apolinario ya no era un óbice para su objetivo.
La alfarera sería suya al fin.
Mas ella estaba enterada del duelo.
Por lo tanto, Hildebrando no era para ella más que un ser ruin
Un tajante rechazó puso fin al anhelo.
Tal vez lo peor para él fue seguir vivo.

La vida de Hildebrando Sarraceno se extinguió en una horca sin más.
Al funeral solo fue su querido jamelgo Pablo.
Ah, y el hijo del otrora mandamás.
El día siguiente transcurrió como cualquier otro en el establo.



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