Sueño ardiente

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Clip Sueño ardiente

Mensaje por Mr. Relleno el 2016-01-06, 11:15

Hacía noches que podía escucharlos a lo lejos. Sus risas, una amenaza latente; sus pasos, el símbolo del miedo. Hacía muchos días que el terror la había desnudado completamente, abriéndose paso de forma lenta y segura, devastando cualquier otro sentimiento en su camino, apoderándose de su alma.

Un día, creyó escuchar una fuerte respiración a pocos pasos de donde dormía, fue en ese instante cuando comenzó a rezar. Todas las oraciones que escuchó alguna vez de niña salieron de su boca en un murmullo inaudible e incontrolable, como una cascada de deseos y miedo. Las piernas le pesaban, como si alguien la estuviese sujetando contra su voluntad, negándose a obedecer el impulso de correr que su cerebro enviaba. Pocos instantes después vio el rostro de quien procedía la respiración. Aliviada, pudo comprobar que era un transeúnte normal y corriente, caminando tranquilamente con andares de borracho por la vía principal.

La última noche escuchó por fin un gran ruido, cercano y amenazante. Lentamente se incorporó mientras agarraba con fuerza la sucia y deshilachada manta. Los ojos, rojos y abiertos, observaban con inquietud las tinieblas que la rodeaban. Y entonces, esperó y esperó, con miedo, con ansia. Esperó con paciencia hasta que el terror abandonó parcialmente su cuerpo y, respirando aliviada, volvió a comprobar los alrededores. Tras esto, se echó de nuevo sobre el frío suelo, arrebujándose en los cartones y la manta, dejando que el conocido e interminable ruido del cajero automático actuara como una nana, llevándola lentamente hacía la tranquilidad del sueño

Horas después abrió los ojos de sopetón y sintió una presencia en la sala. En ese mismo instante un chorro caliente le cayó encima, haciendo que el olor del combustible se confundiera con el olor de su propia orina, que ahora corría incontrolable entre sus piernas. Entonces y solo entonces escuchó por primera y última vez la voz.

—Dulces sueños, princesa— era una voz suave y agradable, de hombre, pero de un hombre joven. Muy joven.
Lo último que sus ojos vieron fue el trazo de la cerilla en su caída.
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